17.9.05

Gianni


No quiero ejercer la más mínima influencia sobre tu concepción de la democracia. Simplemente argumento para la defensa de mi propia elección, que en este punto, no coincide con la tuya. En buena hora que sea de ese modo. Después de todo, la verdad es blanca. O sea la verdad probablemente se componga de todos los colores.

He comprendido que tu consideras como “verdadera democracia” una sociedad en la que se distingan el conjunto de los hábiles para participar de la puja distributiva por un lado, y por el otro lado los que, fallando en sus condiciones individuales, serán asistidos por un estado protector, que por ese motivo será considerado un estado justo.

Tampoco quiero apelar al recurso sencillo de decir que esa idea inocente no se cumple, porque con toda sinceridad te digo que no me interesa.

Aquellos que sí creen, cuanto menos deberán luchar para ponerla en vigencia. Lo harán con la tranquilidad de conciencia de atribuir tanta injusticia a que millones de almas en África, Asia, América Latina, todavía se encuentran en un nivel inferior de conciencia y no han adoptado un modelo de sociedad que les proporcione los beneficios del estado benefactor. Con satisfacción observo algunas acciones en esa dirección y observo que se disputa, pero no mucho, “porque altera la digestión”.Pido disculpas por el prejuicio de sospechar que el sector social más beneficiado en el reparto de la riqueza, fomenta la existencia de estados u otros organismos protectores, para neutralizar los reclamos de los desposeídos. Porque cuando hablamos de propiedad, estamos hablando de la propiedad de los medios de producción.

También sospecho que los más beneficiados en el reparto de bienes pueden ser considerados honestos porque no violan las leyes, pero en este punto deseo mencionar que además de lo legal, debe considerarse lo legítimo. Sueño que nos relacionemos en términos de legalidad, pero también de legitimidad.

Resumiendo, rechazo que la disponibilidad de bienes pase por las manos de los más hábiles para intervenir en la puja distributiva, mientras que para el resto de los mortales se reparta el premio consuelo que distribuye el estado benefactor. Sobre todo porque entre los humildes resplandecen otra clase de valores. Vale decir que estos últimos son mucho más que seres que fallan en sus condiciones individuales, que quedan por esa causa descalificados para competir. Prefiero soñar que entre los más humildes se sueña con la comarca de oro, en la cual no hay ni tuyo ni mío. O se sueña que lo mío es tuyo y lo tuyo es mío. O se sueña el mundo que debería ser.

Todo lo dicho ha sido dicho con la debida humildad. Soy consciente de que me dirijo a un profesional que ha sido formado académicamente en las ciencias políticas y no pretendo que mi argumentación tenga más veracidad ni más valor que la tuya, porque la mía la extraigo de poetas canallas. Lo que digo no pasa de ser mi propia obsesión por una causa perdida. Nada más.

Jorge Lagorio