17.9.05

CAMINACIÓN

narrativa

CAMINAR

Hay muchas y muy variadas formas de caminar.Están los que saliendo del subte caminan adelante muy apurados, tal vez hacia su cotidiana frustración alienante que se vive entre papeles inútiles, ya sea en un antiguo escritorio de cierta compañía introductora o en las oficinas de la escribanía de la Avenida Córdoba. Pero también podría ser en una moderna oficina de acero inoxidable y vidrio float, que es como si fuera cristal.

Otros prefieren caminar lentos y desparramados. Taponando a los que lo hacen ligero. Quizá de ellos fue que Federico Nietzche haya dicho “al que se viene cayendo es preciso empujarle aún”.
Si es observador, el amable lector habrá visto a los jugadores de fútbol cuando entrenan. Ensayan una curiosa forma de caminar, intercalando vigorosas carreras cortas, con marchas a paso vivo, para volver a correr y marchar y así sucesivamente. A veces caminan dando saltitos de costado, como si fueran figuras egipcias.

No sé... De esto no puedo dar muchas razones, porque debo confesar que la gimnasia de los músculos no ha llegado a ser una práctica muy frecuente en mí.
Como quedó dicho, el condescendiente lector ya estará hurgando en su mente muchas otras formas de caminar que también merecerían estar incluidas en este breve artículo. El autor agradece el gesto solidario, tan frecuente en la psique humana, que lo impulsa a completar con su aporte imaginativo, todo aquello que no he dicho explícitamente. Es muy probable que no las haya mencionado yo, para poder llegar rápidamente a esta variante del caminar que deseo vehementemente proponer, en el convencimiento de que puede proporcionar un beneficio que se verá a continuación.
Si es lunes, comenzarás con el pie derecho. Debes dar un paso hacia adelante y a continuación, siempre con la misma pierna, otro para atrás. Esta rutina se repite los miércoles, viernes y domingos. Mientras que la que corresponde a los días martes, jueves y sábados, es igual, pero esas veces se le debe conceder el turno a la pierna izquierda. Digo yo... Tanto como para equilibrar... En todo caso después se verá... La única condición es que se sostenga por varios minutos.

Es fácil comprender que con la forma de caminar propuesta no se llega a ningún lugar físico geográfico. Pero como lo único real es lo que podemos soñar, caminando a ninguna parte se puede aprovechar el tiempo para pensar en el tambo de Urquijo. En las galopadas en medio los enormes charcos que dejaban las lluvias de verano y deslumbrarse con las cortinas de agua que se forman a cada lado del caballo. Eso sí, con cuidado, que no se te vaya a mancar la tobiana. Mejor dejá el galope y andá a hamacarte abajo del monte de las cina cinas. Cerrá los ojos y andá regulando la presión de los párpados. Con los rayos de sol que se filtran entre las hojas tendrás un calidoscopio incorporado. Los párpados laxos te harán registrar tonos claros, amarillentos. Muy apretados, le van a dar a la retina colores rojizos hasta casi negros, pasando por varios naranjas y verdes. También te podés llegar hasta el campo de Dreyfus para comprobar cómo la potranca salta encima del zanjón de alrededor del club. Un poco más y llegarías a la excavadora tan misteriosa. Después creo que es el horizonte. No sé definir dónde queda, habría que buscarlo juntos. Lo que si sé es que se junta con el cielo, punto en el que las estrellas te bañan la cara. En el que vagan los recuerdos de los compañeros.

Dejate bañar la cara por las estrellas. De paso dedicale un tiempo a contarlas, ahora que a esta altura habrás comprendido que no es nada inútil.

Tan pronto como interrumpas el ejercicio de caminación que te he propuesto, volverás a lo cotidiano, tal vez a la hostilidad del tráfico de la avenida Juan B. Justo, cabal metáfora urbana de otras micro escenas igualmente agresivas o por lo menos áridas que te tiene preparadas la vida, que sin embargo pueden ser revisadas desde el nuevo punto de vista que te propone mi ejercicio de caminación. También podrás volver a considerar sentir la presión del abrazo de una mujer, a la que vos también estas abrazando con la fuerza necesaria como para que puedas sentir el perfume húmedo que despide su cuello, justo ahí donde le derrama el pelo.

Debes estar prevenido que por obra de la coraza del silencio, al que se agrega la armadura de las palabras, habrá muchísimas cosas que se resisten a que las reveas. Incluso por muchos factores que concurren, tampoco te va a amar esa mujer cuya emoción estás instalando para revisar la visión con que se te presenta.

Asimismo, la caminación que describo, es preferible practicarla en un terreno convenientemente llano para no tropezar. Debe uno atenerse a las advertencias de los sabios manonitas que recomiendan levantar el pie antes de tropezar. Se preferirá remover todos los obstáculos que estén en el lugar.

¡Cuidado con ese cascote!

¡Cuidado con el perfume que despide esa mujer! Sobre todo de la horqueta de sus piernas, porque es el origen de la vida y el origen de la muerte.

Jorge Lagorio