AY CORRELIGIONARIA, UN POCO DE VERGÜENZA
Doy a conocer este correo que dirigí a una amiga:
A propósito de la discusión en la que me hiciste arbitrar, que si Lincoln o Newton, se me ocurre esta reflexión. Seguramente fuera de lugar, porque el desconocer detalles me ubica mal, una vez más.
Hace unos días escuché por radio un reportaje corto, a cargo de un periodista complaciente, que le hicieron a cierta conspicua, y de prestigio prestado, representante de la fauna política argentina, con motivo de que está planeando volver a ser candidata en las próximas elecciones. Me pregunto si creerá que se olvidó algo en la banca y se propone regresar a buscarlo. No la creo capaz de volver con intenciones de encarnar una necesaria oposición.
Como siempre, la anciana dama de la política, es una figura teñida de vanguardista, pese a que tiene más de 90 años y enrolada en la defensa de los derechos de la mujer. No mucho más, dentro del cono de lo que ella deja ver de sí misma. Todo sería algo digno si yo no le conociera un "detalle" de sus antecedentes. Ella tiene mucama, jardinero y no sé que otros sirvientes, a los cuales, en lugar de pagarles salario, les otorgó sendas jubilaciones, haciendo uso de sus facultades de senadora nacional.
Pese a todo, ella es militante cívica radical, y como tal es vista por el imaginario colectivo como una demócrata mucho más digna que cualquier negro peronista. Sé que este blog es leído por personas que no son de nacionalidad argentina y entonces el uso de la palabra “radical”, puede generar confusiones. La Unión Cívica Radical es un partido enrolado en la social – democracia. Entre nosotros, un partido burgués más, plagado de camanduleros, chantas, aves negras, dedicados a ensuciar la memoria de dignos fundadores, como Amadeo Sabatini, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, etcétera, a quienes reverencio con mi más profundo reconocimiento.
A la luz de lo que yo sé de ella (cosa que ella también sabe de sí misma), considero que son otras hilachas de la misma trama, sus expresiones:
"-Llegué a senadora de la mano del Dr Alfonsín". Yo me pregunto ¿Y dónde está la honra? ¡Ay, si tan siquiera me hubiera hablado de un colador que tenga menos agujeros!
Algunas personas que tienen plata, tratan de dignificar su dinero exhibiendo fuegos artificiales de conocimientos enciclopedistas, que no funcionan como sabiduría y mucho menos representan blasones capaces de otorgarles la nobleza que sí tienen los trabajadores.
Para vos sí es un blasón que siendo sobrina de uno de los mejores gobernadores de San Luís, no te hayas valido de eso para obtener ninguna clase de privilegio y tengas que estar trabajando lejos de tu casa, de tu ambiente, de tu familia cumpliendo un horario que no te permite emprender otra actividad, y todo eso, a cambio de un salario miserable.
Ese sí es un verdadero blasón, que si no fueras humilde, como corresponde, lo podrías refregar por la cara a cualquiera. En esta clase de cosas radica la diferencia entre la vanidad de los ricos, frente a la genuina dignidad de la clase trabajadora. Me viene a la memoria el verso de Nicolás Guillén "Que se avergüence el amo."
Opinión de un "cabeza dura" y para colmo, desubicado. O sea, yo mismo.
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