HABLANDO DE MI
Hablando de mi, bah, hablando de este que supongo que soy -asunto sobre el cual creo tener una pista muy firme-, debo decir “escribo, luego miento”. No me arrepiento, por eso de “quién me quita lo bailado”, habré hecho lo que me toca, lo que me corresponde, lo que puedo, aquello que la historia me permitió hacer para inventar un orden para el universo que se presenta caótico. Ni siquiera soy bueno, mucho menos todo lo magnífico que se encuentra a la vuelta de cualquier esquina.
Lo que a mí me sale es estar en concordancia con lo que digo y solamente puedo tomar la decisión momentánea de seguir disfrutando de las deliciosas mentiras y de los errores a que nos lleva nuestra fe. Habrá tiempo para saber qué resulta, pero en ningún caso creo que vayan a ser de interés para los cuervos que cuentan y recuentan sus plumas, para prestárselas a interés.
La imagen que ven, corresponde al retrato que un gran pintor hizo sobre su maestro, también gran pintor. Sin embargo -algo que vale de verdad- ambos vivieron una vida de poetas, muy superior a su obra. Estoy hablando de Carlos Alonso y de su maestro Lino Enea Spilimbergo.
Alguna vez he podido ver jóvenes que afilan empeñosamente una caña tacuara para construirse un instrumento de escritura y dibujo, quizá no percibieron que ya están inventadas las excelentes plumas de acero y hasta el revolucionario bolígrafo o los pinceles. Les respeto su vocación, que no es la mía, y en este acto aprovecho este medio electrónico que nos permite decir "aquí estoy".
Jorge Lagorio
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