8.7.07

ARGENTINA


Tengo suficientes años como para suponer con alto grado de certeza, que en ese diccionario se hable de una Argentina que conocí y me gustaría saber dónde se editó, para interpretar el punto de vista desde el cual fue escrita esa definición. ¿Habrán pasado cincuenta años desde que se escribió? Si así fue, sorprende que haya sido necesario todo ese tiempo para descubrir cómo fue la Argentina. Mucho más sorprende que tantas voluntades no lo pudieron ver y apreciar cuando transcurrían aquellos días felices y que hayan prestado oídos a las zonceras con que se logró crear ilusiones que justificaran un descontento sin razón.

Sin dudas que dejó de ser una definición ajustada, entre otras cosas, porque los argentinos hemos dejado de soñar una patria como aquella y luego la hemos perdido. Tal pérdida, que se vive como un pesar, también representa una fuente para el aprendizaje, eso espero.

La pregunta que surge, ¿cómo se escribiría hoy una definición de Argentina?, sinceramente no la puedo contestar. A lo que sí me atrevo, es a decir cómo la escribiría yo.

Ateniéndome a los mismos parámetros que se toman en consideración en el diccionario, diría que aquella Argentina es la que fue y también la que puede ser.

Omitiría mencionar hipotéticos países rivales, porque no está en mi espíritu y me parece nimio, no creo que eso constituya un valor en la cuenta que hacemos los trabajadores, aparte de que en muchos aspectos seguimos llevando ventajas sobresalientes y la principal hay que buscarla entre lo que estamos construyendo.

Mi definición contendría loor hacia los que resistieron la perdida de aquel estadio. Admiración por los recursos que emplearon; honra por la generosidad con que entregaron sus bienes y la vida; gratitud por la persistencia; vergüenza por las omisiones; repudio y condena por los que facilitaron; denuncia de los travestidos, porque el enemigo debería evidenciarse por sí mismo y resulta ser indigna cosa que Caín venga a vestir la piel de cordero.

Mi definición diría que estamos en camino. Que la coyuntura histórica ofrece una posibilidad espléndida. Que la escupidera ya nos la hemos puesto, que es el turno del yelmo y que el aura sigue siendo nuestro sueño.

De cuño propio, añadiría a aquella antigua definición, algo que omite. Agregaría que aquel fue un orden de amor, y cuando el amor no estuvo, fue un orden de justicia. La ausencia de tales valores, fue la guerra con demasiadas víctimas entre los más débiles. También cayeron fuertes, a quienes echo de menos, pero soy consciente de que fue consecuencia de su elección, su victoria consiste en que la gloria los cubre y su felicidad, la gesta que protagonizaron.

Nada mejor que vivir de acuerdo con alguna de las tendencias en boga. Garantiza obtener aceptación de parte del grupo que la sostiene. Y mucho mejor si el grupo está integrado por pares, de manera que uno no se vea obligado a desclasarse para pertenecer, y todos felices haciendo intercambio de plumas. Solo quien no quiere ver, podría pasar por alto que hay toda una tendencia muy bien estructurada, a la que adhieren eficaces plañideros. Tienen expresiones que van desde esta leyenda que alguien anónimo escribió en una pared de mi calle Carlos Guido y Spano con una caligrafía llamativa, que dice: “UNOS NACEN CON SUERTE, OTROS NACEN EN ARGENTINA”. También hay expresiones del habla, como la que prefiere decir “este país” en cambio de “mi país”, la cual elude que se trata del propio. Hay muchas otras, solo que no quiero agregarlas porque me haría perder tiempo y porque alguien que lea esto, me podría considerar un calumniador. Por todo esto, lamento haber dicho mi definición actual de Argentina, porque no coincide con lo que espera la tendencia de la queja. La causa es que siento que cualquiera que vive en concordancia con un fuerte deseo por restaurar aquella era dorada y que al alcanzarla le aparecerá el sueño de una era mejor, ese ya está disfrutándola y por consiguiente no hace parte de la pléyade quejumbrosa.

Me siento feliz por vivir en Buenos Aires, que es la segunda ciudad de España, según dicen unos, o la tercera provincia, dicen otros; tercera ciudad de Italia; primera de Paraguay; rodeado de bolivianos y peruanos. Siento muchas voluntades que hacen su aporte. Me gusta mucho saludar a mis amigos paraguayos en guaraní y a los bolivianos en quechua, como para expresarles que aquí no son considerados extranjeros. De manera tal que en mi definición de la actual de Argentina, no debe verse un sentido de patriotismo que acaba en mi propia frontera, porque esa clase de amor a la patria sería algo muy parecido al odio.

Otra vez quiero decir que lamento haber escrito estas cosas tan densas. A favor de mi disculpa agrego que el motivo ha sido esa pregunta tan estimulante: qué diría hoy un diccionario, y el ardiente deseo de comunicar que el sueño por un mundo mejor, y alguna que otra acción en esa dirección, traen mucha alegría.