20.8.07

SED

Este es un conocido cuento de P. Coelho que transcribo porque me ha inspirado los versos que escribi al pie. Si bien el texto que compuso Coelho tiene mucha difusión, quise ahorrarles la tarea de buscarlo.

Un hombre, su perro y su caballo iban por una carretera.
Cuando pasaban cerca de un enorme árbol, cayó un rayo y todos murieron fulminados.
Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo y prosiguió su camino con sus dos animales; a veces, los muertos tardan cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición.
La carretera era muy larga, colina arriba, el sol era muy fuerte, estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un portal magnifico, todo de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde manaba un agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada.
- Buenos días
- Buenos días- respondió el guardián.
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
- Esto es el cielo.
- Que bien que hayamos llegado al cielo, porque estamos sedientos.
- Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera- Y el guardián señaló la fuente.
- Pero mi perro y mi caballo también tienen sed.
- Lo siento pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se llevo un gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo; dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, exhaustos llegaron a otro sitio cuya entrada estaba marcada por una puertecita vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero, posiblemente dormía.
- Buenos días- dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.
- Hay una fuente entre aquellas rocas- dijo el hombre. Podéis beber tanta agua como queráis.
El hombre el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.
- Podéis volver siempre que queráis- le respondió.
- A propósito, ¿cómo se llama este lugar?
- Cielo
- ¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
- Aquello no era el Cielo, era el Infierno.
El caminante quedo perplejo.
- ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa puede provocar grandes confusiones!
- ¡De ninguna manera! En realidad nos hacen un gran favor. Porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos."

SED

Querida golondrina en vuelo,
debiste haber sabido
que la tierra sin mal acá se llama cielo
y que es lo mismo, pero no es igual.
Sin siquiera una pluma para que nos vista,
parece fuego toda agua de cálculo egoísta.
Si buscabas la capital de tu reino,
debiste haber sabido
cuánto cuesta la palabra que se canta
y cuánto vale la palabra que se oye.
Y cuánto cuesta un trago de agua
que se bebe sin el amigo.
Por cada sorbo de agua que se bebe
en ausencia del amigo,
debiste haber sabido
que habrá un cántaro que se quiebre
y un manantial que se agote.
¿De qué sirve el agua cuando no hay sed
y la sed cuando no hay agua?
No me despierten ese día,
sabed que prefiero estar dormido,
ya tengo varias veces visto varios castigos para el amo,
mientras Dios sólo lo mira.