30.7.10

TODAS CONTRADICTORIAS ENTRE SI

Vuelvo a tu último párrafo relacionado con tu salud.

Tú hablas de un "sentido para la vida".

Si quieres, cualquier persona, en estado de salud o sin ella, podría tener esa misma duda y podría darse a si mismo cualquier respuesta entre muchas que son todas contradictorias entre sí.

¿No crees?

Acá se interrumpió la charla. Voy a dar por sobreentendido que sí crees. Y te diré que yo mismo no tengo una respuesta definitiva sobre esa cuestión existencial, nada menos que “el sentido de la vida”

Creo que no se puede hacer psicología fuera de la filosofía. Y lo que tú planteas es una cuestión filosófica que no está resuelta.

Creo que en esta y muchas otras cuestiones, solamente podemos recurrir a nutrirnos con lo que otros han pensado sobre los temas que más nos inquietan.

Muchas veces se dice que no hay psicólogos argentinos que hayan hecho aportes teóricos a esa ciencia. Sin embargo, te diré una información. Según pude ver en los videos de las conferencias de Floreal Ferrara que te mandé a ti, el primer congreso mundial de psicología lo organizó Pichón Riviere. A mi manera de ver, fue un suceso.

Pichón tuvo un discípulo y amigo que ha llegado a trascender. Se trata de Alfredo Moffat, que paradójicamente es arquitecto. Pero Alfredo se define a sí mismo como “psicólogo cartonero”.

Como quedó dicho, Alfredo fue amigo de Pichón. Como tal, lo asistió en sus últimos días de vida.

A propósito, Alfredo me contó lo siguiente. Que Pichón ya estaba en una cama de hospital, perforado por sondas en la boca, la nariz y las venas. Y en ese estado, trabajosamente, le dijo así:

“Es dura, pero a pesar de todo la vida es algo que vale la pena vivir”

También tuve un amigo, Roque Bignotti, director de teatro, premiado en su ciudad provinciana de Entre Ríos, Concordia, muy sensible. Enfermó de cáncer en las piernas, de lo cual murió siendo muy joven. Una sola vez lo visité en el hospital donde estaba internado. Esa vez Roque me dijo así:

“-¡No puedes imaginar, Jorge, qué bello es poder caminar!”

Roque ya no podía.

Otro caso fue mi tío Ángel, hermano de mi padre. De joven tuvo tuberculosis, de lo cual se curó, pero se dice que “sobre la tuberculosis cabalga el cáncer de pulmones”. Así ocurrió con mi tío. Un día que lo fui a visitar en esa agonía terrible, me pidió un cigarrillo. Pero no para fumarlo. Solamente se deleitaba oliendo el tabaco, mientras decía “¡qué lindo!”

Muchas veces cuento que tuve la oportunidad de “despedirme de mi padre”. Lo digo porque mi padre había tenido un ACV sin secuelas. Pero allí aprendí con dolor, que al ACV suele sobrevenir un infarto. Por eso cuando sé de alguien que sufrió ACV siempre le digo que se mantenga alerta para prevenir el infarto. A mi padre le ocurriría pocos después de esta charla que tuvimos.

“-¿Qué te está pasando?” Pregunté. En realidad quise forzar a que mi padre hablara, porque lo veía caminar como un león enjaulado, dentro de la cocina de su casa.

“-Estoy triste.” Contestó mi padre.

“-¿Por qué?” Pregunté con una mentirosa inocencia.

“-Porque “se me acaba el rollo en el carretel””. Ese fue el eufemismo con el cual me comunicó que presentía la muerte cercana. Yo lo forcé aún más y le pregunté:

“-¿Te estás refiriendo a tu muerte?”

“-Sí”. Contestó mirando al suelo.

“-Todo lo que nace, alguna vez muere.” Intenté una lógica absurda, pero fue lo único que pude decir.

“-Es verdad, ¡pero me falta tanto por hacer!” Insistió mi padre en su visible pesar.

“-Lo que nos falta por hacer es la única señal que nos confirma que estamos vivos.” Dije yo sin demasiada convicción, dada la densidad del momento.

A pesar de mi poca confianza en mis palabras, el rostro de mi padre se iluminó y dijo con cierto entusiasmo que iría al club a jugar una partida de bochas.

En el club lo llamaban “el maestro”.

La cancha de bochas lleva su nombre. Rechazó mi ofrecimiento de llevarlo con mi auto. Pero horas más tarde lo fui a buscar, ya muerto.

Yo mismo que no tengo resuelto el punto del “sentido de la vida”, me pregunto ¿por qué tomo estos ejemplos y no tomo los contrarios, que podrían se los ejemplos de los suicidas, los de aquellos que no encuentran sentido a la vida?

Me tengo que contestar que tomo los ejemplos de quienes encuentran una conexión con la vida, aunque más no sea sentir el olor del tabaco, porque mi débil y muy pobre circunstancia me está permitiendo esa clase de elección.

Solamente la estoy dando a conocer. Sin demasiada convicción. Quizá algún rostro se ilumine y decida jugar a las bochas.

Jorge Lagorio