CROMAÑON EN BUENOS AIRES
Nunca hubo, ni nunca habrá, mayor dolor
que no poder dar amor a quien se ama.
Thiago de Melo, Estatutos do Homem.
Ha sido dicho antes, difícil concebir mayor dolor que el que sufren los familiares de las víctimas de Cromañon.
De veras, un gran dolor, que el resentimiento no expresa. Lamento decirlo. Mucho menos alivia.
Camisa de once varas meterse en opinar sobre tema tan álgido, pero “siempre he sido ansí, galopiador contra el viento”.
También de veras, creo que hay una disposición previa a la de los controles municipales, policiales, contra incendios, higiene, etcétera. La sociedad toda deberá encontrar esa disposición que deberemos adoptar juntos, como primera prevención. Porque todos sabemos que la “seguridad” en los locales del ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, es mayor que la inmensa mayoría del territorio del país. No digo que sea así porque en Buenos Aires sean más eficientes, sino porque se concentra la mayor riqueza por habitante y sigue siendo redituable casi cualquier explotación comercial, aún cuando se invierta una moneda más en seguridad, confort y servicio en general.
Un día antes de la desgracia, el propietario de Cromañon, era un hombre de cierto éxito, que gozaba de una cierta admiración en su ambiente y hasta de una cierta condición de “hombre público” y de “hombre de la cultura”. Muchos grupos de música noveles, se hubieran sentido distinguidos de ser convocados a actuar en cualquiera de sus locales. Voy un poco más allá y en este punto, aventuro una pregunta. En caso de haber recibido la correspondiente propuesta de parte del empresario, “-¿Querés ser gerente de Cromañón?”, ¿cuántas de las víctimas hubieran respondido no quiero?, lo cual, en caso de aceptar, las hubiera convertido automáticamente en cómplices del ahora procesado por la justicia. Pido que no se interprete una intención de culpar a las víctimas, simplemente trato de formular un diagnóstico ajustado a la realidad de que víctimas y victimarios son caras de la misma moneda. Diagnosticar que las víctimas de Cromañón tributaron a una ideología decadente, a falta de una ideología mejor. Diagnosticar digo, a los fines de encontrar las disposiciones que faltan, porque el camino del resentimiento está siendo instrumentado por políticos inescrupulosos, que son más monstruosos aún que cualquiera de los acusados de ser responsables de la desgracia. Después de todo, desde el nombre Cromañón en adelante, todo el que ingrese a el, está siendo advertido sutilmente que es convidado a un lugar primitivo, algo brutal. En este artículo los estoy invitando a ingresar a un local aún más transgresor, desde que no contribuye para el sistema decadente; en el que las expresiones de la cultura contestan, en lugar de disfrazarse de contestatarias con la ropa de los irreverentes. Invitando a un lugar en donde la música te deje el alma sobada, un lugar en donde si querés te divertís, pero si participás, te vas a regocijar. Un lugar en donde no haya cuervos en la función de propietarios, como en Cromañón y otros, que se cuentan las plumas que les ha arrancado a las alas de nuestros hijos.
Está claro que en las sombras están actuando personajes siniestros que ningún favor le hacen a la memoria de las víctimas. Está claro que a esos personajes les interesa el control del gobierno de la ciudad, más que el control de la policía. Porque sí actúan contra las instituciones de gobierno, pero no lo hacen contra las autoridades policiales, que también están procesados. Resumiendo, está claro que desearían ser Jefes de Gobierno y no desean ser Jefes de Policía. Y para ello cuentan con la inocencia de los familiares de las víctimas, a quienes fogonean cuanto sea posible.
¡Loco, pila! Muchas de las víctimas eran carenciadas de algo que los adultos hemos omitido comunicar, o no hemos sido eficientes al hacerlo. Los adultos no hemos logrado despertarles la curiosidad para que se pregunten ¿qué será lo que sabe este viejo, que lo hace tenerse en pie, pese a todo? ¿por qué el viejo no hociquea? ¿será que este viejo no es un viejo “careta”?
Se trata de extremar los mejores controles de seguridad, y de encontrar la primera prevención que hace falta, la prevención que está viniendo, la que estamos dejando venir gracias a Dios. Hagámoslo por los pibes que no están, pero también por los que están y por nosotros. Hagámoslo juntos.
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